Maripositas en el estómago

Trabajando en la Barra de Sanborns y al cubrir la cena, se escuchaba una voz muy bonita, como para decir poesías, de alguna persona que llegaba a cenar. Me gustaba estar cerca para seguir escuchando su voz y le tomaba los pedidos, pero nunca levanté la mirada, no me atrevía, ni siquiera para verlo por el espejo de la Barra. Su voz me hacía sentir mariposas en el estómago.
Casi un año después, que me mandaron al turno de día, jamás volví a oir su voz.

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