Mi cliente y su amigo imaginario

Todos los días atendía a un señor bajito que pedía dos cafés, él se sentaba en la primera de dos mesitas para 2 personas.
Siempre el señor iba muy pulcro y era muy educado. Mientras le traía su pedido el señor hablaba sólo y platicaba con un amigo imaginario, se tomaba los dos cafés, dejaba la propina y se iba.
Decían los clientes que él era un sastre muy conocido.
Las veces que me paraba cerca para escuchar sus pláticas con su amigo imaginario, lo oía platicar de todo: política, deportes, etc. y se quedaba callado en momentos, como si el amigo imaginario le contestara.

Después de muchos años dejo de ir a Sanborns y nunca supe por qué.

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